El Gobierno de Yemen, reconocido por la comunidad internacional, ha hecho pública una denuncia sobre la muerte de al menos 150 civiles durante la última ofensiva lanzada por las milicias hutíes. La escalada de violencia en el país árabe pone de manifiesto la incapacidad de las estructuras estatales para frenar el avance insurgente en los territorios bajo asedio.
El conflicto yemení forma parte de un tablero geopolítico mucho más amplio, donde las fuerzas locales actúan como peones de potencias regionales en disputa por el control de puntos estratégicos clave para el tránsito marítimo mundial y la exportación de hidrocarburos.
En este escenario, los principales actores implicados se alinean en función de sus intereses geoestratégicos, con la participación directa o indirecta de potencias del Golfo y actores externos que instrumentalizan la inestabilidad en función de sus propias agendas económicas y militares.
Los intereses en juego superan con creces las fronteras yemeníes, afectando de manera directa a la seguridad del mar Rojo y a las rutas globales de suministro energético, lo que convierte cada movimiento militar en una pieza crítica del tablero financiero e industrial internacional.
Esto ocurre apenas unos días después de iran consolida el bloqueo petrolero de Oriente Próximo con golpes en Yemen y Arabia Saudí, y no parece casualidad que la ofensiva coincida con un recrudecimiento general de las hostilidades en la zona.