El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado una dura advertencia contra Omán al señalar que si el sultanato se interpone en el acuerdo que Washington negocia con Irán, su país bombardeará la zona. Las declaraciones se produjeron después de que expirara el plazo de sesenta días establecido en un memorando de entendimiento firmado previamente entre Washington y Teherán.
El conflicto gira en torno al control del Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el suministro energético global. Mientras la administración estadounidense busca imponer sus propias condiciones, las autoridades de Omán han mantenido conversaciones directas con representantes iraníes durante semanas para pactar futuras disposiciones sobre la navegación marítima en el canal.
En este contexto de pulsos geopolíticos, el sector energético ya muestra síntomas de extrema tensión debido a la asfixia económica y los bloqueos en la región. Las rutas comerciales se encuentran bajo mínimos operativos, lo que repercute directamente en los mercados internacionales de crudo y en la estabilidad de las economías dependientes de estas vías.
Esta escalada verbal y militar no ocurre en un vacío estratégico, sino que se produce apenas unos días después de [turquia-e-iran-abordan-la-reapertura-del-estrecho-de-ormuz-57749f], reflejando una intensa competencia diplomática y de seguridad por el dominio del corredor marítimo. Asimismo, la presión sobre Teherán coincide con un escenario de asfixia financiera que se agrava conforme avanzan las medidas coercitivas de la Casa Blanca.
La respuesta de Washington evidencia la intolerancia a cualquier mediación ajena a sus intereses en Oriente Medio, especialmente cuando actores regionales intentan tejer alianzas o acuerdos al margen de la supervisión directa de Estados Unidos y sus socios prioritarios en el tablero energético global.