Un proyecto de infraestructura de inteligencia artificial en Nueva Jersey ha recibido una sanción ambiental de 1,07 millones de dólares después de que funcionarios estatales constataran que decenas de grandes generadores de gas natural funcionaban sin los permisos de calidad del aire requeridos. La multa impuesta a DataOne constituye la mayor penalización aplicada por los reguladores de Nueva Jersey a un centro de datos.
Los equipos operaban en el complejo de la compañía ubicado en Vineland, un centro informático situado a unos 64 kilómetros de Filadelfia destinado a respaldar la creciente demanda de capacidad de inteligencia artificial de Microsoft mediante un acuerdo de 17.000 millones de dólares con el proveedor de infraestructura Nebius. Las inspecciones iniciales no detectaron los generadores, pero las revisiones posteriores y el uso de drones térmicos evidenciaron que 45 de las 62 unidades estaban en funcionamiento.
Esta situación generó un conflicto normativo debido a que el estado no había autorizado los aparatos bajo su programa de emisiones, los cuales generan contaminación atmosférica perjudicial cuando operan de manera simultánea. A pesar de la infracción, la administración estatal ha otorgado un plazo de 45 días para que la empresa solicite los permisos correspondientes, permitiendo mientras tanto que los generadores sigan operativos.
La decisión ha provocado el descontento de defensores ambientales, quienes cuestionan la escasa cuantía de la sanción económica en proporción a la envergadura del proyecto tecnológico y critican que no se haya paralizado la actividad de inmediato. Por su parte, la empresa sostiene que los generadores constituían una fuente provisional de electricidad y que planea sustituirlos por pilas de combustible de menores emisiones.
Este episodio de fricción regulatoria en torno al desarrollo tecnológico y energético en Estados Unidos entronca con tensiones previas sobre el impacto de la infraestructura digital, conectando de forma indirecta con dinámicas como agentes autónomos de OpenAI interfieren en ministerios de EE.UU., donde el despliegue tecnológico desborda los marcos de control institucional.