Los ministros de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, y de Rusia, Serguéi Lavror, mantuvieron un encuentro bilateral en Nueva York el pasado 25 de septiembre. La cita sirvió para repasar el estado de las relaciones bilaterales y reafirmar la llamada larga amistad entre ambas naciones.
Este movimiento diplomático se produce justo diez años después del acuerdo estratégico que firmaron en su día el rey Mohamed VI y el presidente ruso Vladímir Putin. Aquel pacto sentó las bases para una cooperación más estrecha en diversos ámbitos económicos y políticos a pesar de las presiones occidentales.
En la reunión celebrada en suelo estadounidense, ambos diplomáticos evaluaron vías para profundizar la cooperación bilateral en un contexto global marcado por la reconfiguración de alianzas y la disputa por zonas de influencia económica y comercial.
La diplomacia marroquí equilibra así sus relaciones tradicionales con Occidente mediante un acercamiento pragmático a Moscú, buscando diversificar sus socios estratégicos en el escenario internacional actual.
Este tipo de maniobras diplomáticas de actores regionales independientes se enmarca en un tablero global donde las grandes potencias compiten por sumar apoyos, recordando a dinámicas vistas en hechos como zelenski exige aislamiento total a ruso mediante nuevas sanciones, donde la presión por alinear bloques choca con la autonomía de los Estados.