Los BRICS han inaugurado su cumbre en Nueva Delhi con el objetivo de consolidar su influencia en el tablero geopolítico global, aunque el encuentro ha puesto de manifiesto las marcadas diferencias internas que atraviesan a sus miembros tras dos décadas de ampliación continua.
El bloque, que reúne a potencias emergentes con intereses económicos y estratégicos a menudo dispares, llega a esta cita clave intentando mostrar una imagen de unidad frente a los bloques tradicionales occidentales, pese a las discrepancias de fondo respecto a las principales crisis globales.
Entre los actores implicados destacan las principales economías del grupo, que debaten sobre la arquitectura financiera internacional y los posicionamientos comunes en materia de seguridad, en un momento marcado por la tensión en diversos frentes internacionales.
Los intereses en juego giran en torno a la reconfiguración del poder global, la desdolarización progresiva de los intercambios comerciales y la búsqueda de un equilibrio que satisfaga tanto las ambiciones hegemónicas de algunas potencias como las demandas de desarrollo del sur global.
Este movimiento se desarrolla de forma paralela a debates recientes sobre la gobernanza mundial, tal como se evidenció en la cumbre en el texto Modi exige una remodelación total de la gobernanza global en la cumbre BRICS, reflejando la presión constante de los socios para alterar el statu quo internacional.