Reino Unido anunció oficialmente la prohibición de comerciar con asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada, una medida a la que se sumaron otros 10 países europeos y Canadá. El ministro de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, calificó la ocupación de inaceptable, denunció una limpieza étnica de palestinos en la región y tildó a los colonos de terroristas.
La respuesta del Gobierno israelí no se hizo esperar, rechazando de pleno las sanciones y procediendo a aplicar castigos diplomáticos contra el Ejecutivo británico. Esta escalada profundiza el aislamiento internacional de la política de asentamientos en un momento de máxima tensión en los territorios ocupados.
En el centro de la tormenta política se encuentra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien además enfrenta una grave crisis interna tras revelarse una investigación que indica que disponía de información previa a los atentados de Hamás del 7 de octubre.
Este choque diplomático multilateral agrava las fricciones entre los aliados occidentales tradicionales y la administración de Netanyahu, que acusa a las potencias europeas de ceder ante presiones y desestabilizar la región con decisiones unilaterales.
Esta decisión y sus inmediatas consecuencias se entrelazan con los movimientos recientes en la región, tal como se refleja en los acontecimientos recogidos en 'israel-cierra-el-consulado-britanico-tras-un-bloque-de-sanciones-por-cisjordania-ae118e', donde la respuesta de Tel Aviv materializó el bloqueo a las representaciones diplomáticas británicas.