El secretario general de la ONU, António Guterres, ha lanzado una dura advertencia sobre la parálisis que afecta al Consejo de Seguridad, señalando directamente a las profundas divisiones geopolíticas que dividen a las potencias globales.
Este organismo, diseñado tras la Segunda Guerra Mundial para garantizar la paz y la seguridad internacionales, se encuentra cada vez más incapacitado para dar respuestas rápidas y eficaces a los conflictos armados y las emergencias globales debido al uso cruzado del derecho a veto.
En el centro de esta crisis de gobernabilidad se encuentran las fricciones constantes entre los miembros permanentes del Consejo, cuyos intereses estratégicos y económicos chocan de manera sistemática en cada gran crisis regional, desde Europa hasta Oriente Medio.
La incapacidad operativa del organismo agrava la inestabilidad en numerosas regiones del planeta, donde las resoluciones quedan bloqueadas mientras la población civil sufre las consecuencias de los enfrentamientos armados y las sanciones multilaterales.
Esta situación de bloqueo institucional ocurre apenas unos días después de que la asamblea de la ONU presiona para ratificar el acuerdo sobre pandemias, evidenciando una tendencia generalizada donde los mecanismos multilaterales tropiezan una y otra vez con los intereses soberanos de las grandes potencias y las élites estatales.