El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, abrió la Asamblea General con un duro alegato sobre el estado del orden internacional a cien días de abandonar su cargo tras una década al frente del organismo. Guterres afirmó que las fracturas globales se han transformado en abismos irreversibles y criticó que las instituciones multilaterales siguen reflejando las estructuras de poder de hace ochenta años.
Durante su intervención, el diplomático apuntó tres grandes transformaciones en la redefinición del poder contemporáneo: el surgimiento de nuevos polos estatales de influencia, la extraordinaria transferencia de poder de los gobiernos hacia un puñado de empresas privadas y particulares, y la cesión de decisiones vitales a las máquinas.
En el plano geopolítico, Guterres centró sus críticas en los conflictos en Oriente Próximo y Ucrania. Denunció que los altos el fuego en Gaza y Líbano han sido simulacros de menor intensidad mientras la población civil soporta una devastación sin precedentes, y recordó las medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia. Asimismo, calificó la invasión rusa de Ucrania como una flagrante violación de la Carta que destruye infraestructuras críticas y altera las cadenas de suministro globales.
El secretario general también arremetió contra las grandes empresas de combustibles fósiles, acusándolas de tratar la atmósfera como una cloaca a cielo abierto mientras cinco petroleras occidentales se han embolsado casi medio billón de dólares en beneficios desde el inicio del conflicto en Ucrania.
Finalmente, exigió una reforma profunda del Consejo de Seguridad para incluir de forma permanente a África y advirtió que la inteligencia artificial y las armas autónomas letales no deben tener cabida en el futuro de la humanidad, exigiendo que las máquinas nunca tomen decisiones de vida o muerte.