Movimientos políticos · Actualizado 21/09/2026

El Gobierno ordena demoler el monumento fascista de Majadahonda

El Ejecutivo fija un ultimátum para destruir el monolito levantado en honor a dos miembros de la Guardia de Hierro rumana.

El Gobierno ordena demoler el monumento fascista de Majadahonda

Foto: Recuerdo del centenario (licencia PUBLIC DOMAIN, vía Wikimedia Commons)

El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha dictado una orden para retirar el memorial que homenajea a dos fascistas rumanos muertos en la Guerra Civil. La asociación propietaria no ha respondido al requerimiento y el Ayuntamiento de Majadahonda elude su responsabilidad.

A finales del presente mes se cumple el plazo dado por el Gobierno para ejecutar la orden que obliga a retirar el memorial que homenajea a dos miembros de la Guardia de Hierro en Majadahonda, Madrid. El monolito se mantiene en pie a pesar de que ha transcurrido más de medio siglo desde la muerte de Franco y conmemora el sacrificio de Ion Mota y Vasile Marin, militares de la organización paramilitar fascista fundada en Rumanía en 1927. Ambos acudieron a España tras el golpe de Estado de 1936 para luchar en el bando sublevado y fallecieron en enero de 1937.

El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática incluyó el monumento en el catálogo de símbolos contrarios a la memoria democrática el pasado 29 de junio, estableciendo un plazo de tres meses para su retirada definitiva y permanente. La parcela y el monumento son propiedad de la Asociación para la Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos Caídos, que no ha respondido al requerimiento oficial enviado por las autoridades. La oposición local lleva años reclamando al Ayuntamiento de Majadahonda, gobernado por el Partido Popular con mayoría absoluta, que actúe contra el monumento donde grupos ultras convocan concentraciones cada mes de enero.

El expediente oficial concluye que el monolito representa los lazos entre el franquismo y el fascismo europeo de entreguerras y carece de valores artísticos o arquitectónicos que justifiquen su mantenimiento. Al encontrarse en un espacio de acceso público, el Gobierno advierte que activará el artículo 37 de la Ley de Memoria Democrática para imponer multas coercitivas y proceder a su desinstalación subsidiaria si la propiedad incumple el mandato legal. Por su parte, la asociación Abogados Cristianos ha solicitado a la Comunidad de Madrid que declare el monumento Bien de Interés Cultural para evitar su derribo, una vía que el Ejecutivo autonómico de Isabel Díaz Ayuso ha rechazado al argumentar que el elemento no cuenta con el valor arquitectónico necesario.

La construcción del monumento en 1970 fue posible gracias a la financiación de la comunidad fascista rumana en el exilio y al apoyo de falangistas españoles, contando además con préstamos de entidades financieras antecedentes de cajas de ahorros. Durante la dictadura franquista, el lugar funcionó como punto de encuentro para ultranacionalistas y líderes como Blas Piñar. Mientras el plazo expira, el Gobierno rumano ha intervenido en el proceso mediante un correo enviado al Ministerio español el pasado 24 de agosto, en el cual la cancillería del primer ministro agradece la medida por reforzar la memoria democrática en ambos países.

Esta controversia sobre los vestigios del autoritarismo y su persistencia en el espacio público europeo entronca con tensiones políticas más amplias, reflejando debates similares a los observados en otras geografías donde la ultraderecha pone a prueba las instituciones democráticas, un fenómeno visible también en hechos como [la-ultraderecha-alemana-golpea-a-la-cdu-en-mecklenburg-y-berlin-7c1e3a], donde los equilibrios políticos tradicionales tambalean ante el auge de corrientes radicales.

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Otros medios, otras miradas

Hipótesis

Detrás de la pugna por la retirada de este monumento convergen intereses de legitimación institucional y la persistencia de redes ideológicas transnacionales de extrema derecha que operan desde el franquismo. Por un lado, el Gobierno central busca consolidar su narrativa de memoria histórica frente a la resistencia de colectivos ultras y la pasividad de los gobiernos municipales conservadores. Por otro, actores como Abogados Cristianos intentan blindar estos enclaves utilizando figuras de protección patrimonial para blindar símbolos ideológicos bajo la cobertura de la tradición religiosa o cultural.

Como antecedente histórico, la presencia de la Legión del Arcángel San Miguel en España se remonta a la posguerra europea, cuando la dictadura franquista acogió a líderes fascistas internacionales como Horia Sima, convirtiendo al país en un refugio seguro para el extremismo europeo. Este patrón de asilo y cooperación internacional entre redes ultraderechistas dejó una infraestructura memorial que ahora choca con los marcos legales contemporáneos de la Unión Europea y los Estados miembros que buscan purgar los símbolos de regímenes totalitarios.

Desde una perspectiva analítica disidente, se señala que la utilización de leyes de memoria histórica responde en ocasiones a una instrumentalización política coyuntural para desviar la atención de crisis socioeconómicas o institucionales más urgentes. Mientras los críticos gubernamentales acusan al Ejecutivo de usar el derribo como cortina de humo ideológica, los sectores progresistas argumentan que tolerar estos monumentos supone una normalización de la violencia fascista en el espacio público europeo.

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