El precio del petróleo Brent ha rondado este martes la barrera de los 100 dólares por barril, un nivel que no alcanzaba desde el pasado mayo, impulsado por el enquistamiento del conflicto en Irán y las tensiones en Oriente Próximo. Los nuevos ataques de los rebeldes hutíes de Yemen contra objetivos en Arabia Saudí y los enfrentamientos en la región agravan la incertidumbre sobre el suministro global.
Por su parte, el gas europeo se ha disparado más de un 138% desde el inicio de la guerra en Irán, con el precio de referencia TTF superando los 75 euros por megavatio hora (MWh). La falta de expectativas para una reapertura del estrecho de Ormuz, las dificultades en el suministro de gas natural licuado y unos niveles de almacenamiento en la Unión Europea muy por debajo de lo habitual alimentan esta tendencia inflacionista.
En España, el impacto se refleja directamente en el mercado mayorista de electricidad, donde los futuros para el último trimestre del año superan los 135 euros/MWh y la media de septiembre rebasa los 148,5 euros/MWh. Esta situación contrasta con el alivio aportado por las energías renovables durante la primavera pasada, dejando a los consumidores expuestos a un encarecimiento notable de la tarifa.
La subida generalizada de los costes energéticos añade presión a la competitividad de la industria comunitaria y condiciona directamente las decisiones del Banco Central Europeo, que prevé una nueva subida de tipos de interés en su próxima reunión, situando el euríbor por encima del 3,1%. Esto ocurre apenas unos días después de [ataques-huties-contra-infraestructuras-saudies-acercan-el-petroleo-a-los-100-dolares-14b0b1], y no parece una coincidencia aislada en el tablero económico global.
Este escenario de tensión en los mercados energéticos globales comparte similitudes con los acontecimientos descritos en [la-cumbre-de-los-brics-se-perfila-como-el-unico-espacio-viable-para-un-alto-el-fuego-en-iran-000ba7], reflejando cómo la inestabilidad en las rutas de aprovisionamiento repercute de forma inmediata en la economía de los ciudadanos europeos y en la estabilidad macroeconómica del bloque.