El Gobierno de Estados Unidos ha intensificado su estrategia de coacción económica al anunciar que implementará nuevas sanciones secundarias de forma semanal, comenzando por el sector bancario internacional.
La directriz, adelantada en la antesala de la reunión de ministros de Finanzas del Grupo de los 20, apunta directamente a aquellas instituciones financieras que mantengan lazos comerciales o transacciones con Teherán, advirtiéndoles que operan al margen del sistema financiero estadounidense.
Al frente de esta estrategia se encuentra el Departamento del Tesoro, que busca cerrar los resquicios financieros que permiten a Irán sostener sus canales de exportación y aprovisionamiento exterior en medio del bloqueo comercial impuesto por Washington.
Esta ofensiva económica se produce apenas unos días después de la noticia [ee-uu-prepara-nuevas-sanciones-secundarias-contra-iran-f0028a], consolidando un patrón donde la presión financiera y la agitación militar en el estrecho de Ormuz marchan en paralelo.
La medida sitúa a la banca internacional ante el dilema de acatar las exigencias extraterritoriales de la superpotencia o enfrentarse a la exclusión total de los mercados occidentales y del dólar, subordinando la soberanía de terceros países a los objetivos geopolíticos de la Casa Blanca.