El gobierno británico se enfrenta a una creciente presión diplomática y económica por parte de Estados Unidos tras anunciar su intención de vetar la entrada de productos procedentes de los asentamientos israelíes ilegales. En este contexto, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, sugirió que la administración de Donald Trump podría tomar medidas de represalia contra Londres, calificando la iniciativa británica de discriminación contra el pueblo judío. Estas declaraciones se suman a los ataques previos en los que acusó al ejecutivo británico de albergar posturas hostiles hacia Israel.
La ofensiva contra la decisión británica también ha encontrado eco en el poder legislativo estadounidense. El congresista republicano Randy Fine advirtió que las empresas del Reino Unido que se vean obligadas a cumplir con el boicot comercial podrían ser vetadas para operar o interactuar con gobiernos estatales y locales en Florida, uno de los socios comerciales más importantes de los británicos en territorio estadounidense. Fine calificó las medidas de Londres como un proyecto de vanidad que perjudicará gravemente los intereses económicos de su aliado europeo.
Pese a las advertencias públicas y a las presiones ejercidas de forma privada por Washington, se espera que el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, detalle un conjunto de nuevas medidas punitivas contra Israel en el parlamento. La tensión diplomática se produce mientras el primer ministro Andy Burnham mantiene informada a la administración estadounidense sobre la agenda sancionadora de su gabinete en materia comercial y exterior.
En paralelo a este pulso transatlántico, la disputa ha abierto otros frentes geopolíticos. Ministros israelíes han respondido exigiendo sanciones contra el Reino Unido y la expulsión de su embajador utilizando como baza la soberanía de las Islas Malvinas, recordando las recientes declaraciones del presidente Trump sobre su falta de respaldo a Londres en ese litigio territorial. Todo esto ocurre apenas unos días después de [reino-unido-avanza-hacia-sanciones-contra-los-asentamientos-israelies-en-cisjordania-0bfe47], consolidando una escalada que ya anticipaba el endurecimiento de la postura británica frente a la política colonial israelí.
Este movimiento sitúa al gobierno británico en una encrucijada entre sus compromisos con el derecho internacional humanitario y la solidez de su alianza estratégica con Washington y sus redes comerciales en Estados Unidos. La contundencia de la respuesta estadounidense evidencia que cualquier medida que afecte al estatus de los asentamientos israelíes es tratada por la superpotencia como una línea roja inquebrantable en su política exterior.