Las elecciones parlamentarias en Rusia han comenzado a ser cuestionadas tras registrarse múltiples denuncias sobre supuestas irregularidades y fraude en los centros de votación. Candidatos de la oposición, como los representantes comunistas, han hecho públicos diversos testimonios que apuntan a una intervención directa en el proceso de votación.
Entre las principales anomalías señaladas figuran papeletas electorales que ya habrían sido entregadas a los votantes con una cruz preimpresa a favor de la formación política vinculada a Vladimir Putin. Esta práctica anula el secreto del voto y evidencia un control férreo sobre la emisión de la voluntad popular en los comicios.
La situación se agrava en las zonas bajo control militar ruso, como la región de Lugansk. En estos territorios, numerosos residentes han denunciado que las autoridades locales les informaron de que ya figuraban como votantes que habían ejercido su derecho de manera anticipada, sin su conocimiento ni participación real.
A estas tácticas de manipulación en las urnas se suma la presión ejercida sobre los trabajadores del sector estatal. Diversos empleados públicos han recibido advertencias veladas o directas sobre la obligación de demostrar su participación y su sentido del voto para conservar sus puestos de trabajo.
Todo esto ocurre apenas unos días después de rusia-denuncia-un-intento-de-sabotaje-a-su-red-de-internet-en-el-lejano-oriente-b85f5e, y no parece casualidad en un momento en que el aparato estatal busca blindar su estabilidad interna frente a las crecientes tensiones exteriores.