El pasado 14 de agosto, el director de la agencia de inteligencia israelí Mossad, Roman Gofman, mantuvo una conversación telefónica con el ministro de Exteriores de Siria, Asaad al-Shaibani, según confirmaron fuentes familiarizadas con el asunto. Este contacto representa uno de los canales de comunicación de más alto nivel establecidos entre Tel Aviv y la administración de Damasco dirigida por el presidente Ahmed al-Sharaa.
El eje central de la conversación giró en torno a las actividades de Turquía en territorio sirio, concretamente sobre el incremento de su presencia militar, el suministro de drones y la venta de armas al ejército sirio. Las fuentes señalan que el jefe del Mossad cuestionó directamente al representante sirio sobre los movimientos de Ankara en la región y el posible despliegue de tropas turcas en infraestructuras estratégicas del país árabe.
Cuatro días después de este intercambio diplomático secreto, aviones de combate israelíes lanzaron ataques aéreos contra la base aérea de Abu al-Duhur, situada en el norte de Siria. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, justificó la acción militar alegando que Damasco estaba a punto de permitir el despliegue de tropas turcas en dicha base, desoyendo las repetidas advertencias emitidas por Israel sobre lo que considera una amenaza directa a su seguridad nacional.
La operación y los contactos previos evidruan la creciente tensión en el tablero geopolítico regional, donde las potencias locales maniobran para evitar la consolidación de nuevos ejes de influencia en las fronteras sirias. Mientras Ankara guarda silencio oficial ante las revelaciones, las dinámicas de confrontación indirecta continúan marcando el pulso en el norte de Siria.
Este movimiento se produce apenas unos días después de [ataques israelíes golpean base aérea en siria tras visita de delegación turca], y no parece casualidad dentro de la escalada de tensiones en la región. La secuencia de hechos confirma que la disputa por el control y la proyección militar en territorio sirio entre Israel y Turquía ha alcanzado un punto crítico de fricción.